La mentira duró pocas horas
Kenzo, el tigre de bengala blanco que llevaba cinco días prófugo en Tepetlaoxtoc, está muerto. Y las mismas autoridades que esta mañana lo presumieron como una «captura exitosa» son las que horas después tuvieron que admitir que le dispararon.
La alcaldesa Diana Lisbeth Morales y la veterinaria Ivonne Cassaigne aparecieron en un video del ayuntamiento asegurando que el tigre tenía apenas «algunos rasguños» y que iba camino al zoológico de Zacango en buen estado. Protección Civil del Estado de México repitió la misma versión en sus redes: sedación controlada, captura segura, misión cumplida.
Lo que sí pasó
Nada de eso era cierto. En un comunicado emitido horas después, la PROFEPA reconoció que el equipo veterinario intentó sedar al animal con dardos, pero que ante un supuesto ataque del felino, «los cuerpos de seguridad intervinieron mediante el uso de arma de fuego». Traducido: le dispararon. Kenzo fue trasladado a las instalaciones de Reino Animal, en Teotihuacán, y murió ahí, pese a la atención de varios equipos veterinarios.
La alcaldesa, mientras tanto, sigue sosteniendo que el tigre «no llevaba ninguna herida que comprometiera su vida» cuando pasó a manos de PROFEPA. Las dos versiones no coinciden, y nadie las ha explicado.
«Un montaje», según quien sabe del tema
El presidente de la AZCARM, Ernesto Zazueta, no se guardó nada: acusó a PROFEPA de haber montado el video de la «captura exitosa» cuando el animal, según él, ya estaba herido de bala. También cuestionó abiertamente la falta de experiencia del equipo a cargo, integrado por Fernando Marín e Ivonne Cassaigne. Su conclusión fue directa: un animal que se pudo salvar terminó muerto por un mal manejo.

Clausuran el predio, pero eso no resuelve nada
PROFEPA aprovechó el mismo comunicado para clausurar Animal Experience México, el predio del que Kenzo escapó, tras detectar encierros irregulares y áreas en construcción. Está bien que se sancione al lugar de origen. Lo que sigue sin sancionarse es la decisión de disparar contra un tigre sedado, ocultarlo durante horas, y luego lamentarlo en un comunicado.
Kenzo tuvo cinco días de libertad. Y una muerte que sus propios responsables tardaron ocho horas en admitir.
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