La violencia que durante meses fue denunciada terminó por cobrar una vida. Jesús, conductor de bicitaxi de 35 años, fue asesinado mientras trabajaba, en un hecho que desató bloqueos y evidenció un problema que, según los propios trabajadores, llevaba tiempo ignorándose.
Horas después del crimen, el municipio quedó paralizado por la protesta de sus compañeros.
Una zona de riesgo que ya había sido advertida
El lugar donde ocurrió el homicidio no era desconocido por su peligrosidad. La calle Insurgentes, cerca del río Los Ajolotes, ha sido señalada reiteradamente por los bicitaxistas como un foco rojo de asaltos.
A pesar de las solicitudes de vigilancia, cámaras de seguridad y patrullajes, los trabajadores aseguran que no hubo respuesta efectiva por parte de las autoridades municipales. El resultado, sostienen, era previsible.

De acuerdo con los primeros reportes, la víctima recogió a dos supuestos pasajeros. El servicio terminó en un camino de terracería, donde fue atacado con un arma blanca.
El cuerpo quedó junto a su unidad. Cuando llegaron los servicios de emergencia, ya no presentaba signos vitales.
La Fiscalía del Estado de México inició las investigaciones, pero hasta el momento no se han reportado detenciones.
Bloqueos y presión: la respuesta ante la falta de seguridad
El asesinato detonó una reacción inmediata. Bicitaxistas bloquearon puntos clave como la avenida Acueducto, la calle El Canal, el Libramiento Benito Juárez y accesos a comunidades como Santa María Tetitla, El Capulín y San Juan.
El tránsito colapsó. La exigencia fue directa: ser atendidos por la presidenta municipal. Más que una protesta aislada, la movilización reflejó un hartazgo acumulado.
Aunque el móvil preliminar apunta a un robo, el trasfondo es más profundo. Los trabajadores no solo reclaman justicia por este homicidio, sino la falta de condiciones mínimas de seguridad para desempeñar su labor.
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