Zinacantepec, Estado de México, 23 de abril 2026.- Antes de los discursos y las palabras protocolarias, el evento tuvo un inicio singular. El ciudadano Gualterio Ramírez Luisa, jefe supremo otomí, realizó una ceremonia tradicional de bendición y tributo a la madre naturaleza que envolvió el ambiente de la sede cultural de la Sección 17 del SNTE en el Valle de Toluca con un significado distinto al de cualquier acto sindical ordinario. El propio Prof. José Alfredo Geraldo Benoit, Secretario General de la sección, tomó ese momento como punto de partida de su intervención: describió el ritual como símbolo de unidad y señaló que el rosario utilizado en la ceremonia no es un objeto decorativo, sino una representación concreta de la fortaleza colectiva que da sentido a la lucha del magisterio indígena.
Fue en ese espíritu donde quedó enmarcada la conmemoración del Día Panamericano del Indio y del Docente Bilingüe, celebrada este 23 de abril con la asistencia de docentes de educación indígena de diversas regiones del Estado de México, representantes de la estructura sindical seccional y nacional, y autoridades de los Servicios Educativos Integrados al Estado de México (SEIEM).

Geraldo Benoit: más allá del salón de clases
El mensaje del Secretario General fue el núcleo del evento. Geraldo Benoit construyó su intervención sobre una premisa que sostuvo con claridad: la labor del docente bilingüe no puede medirse únicamente en términos curriculares, porque su función real es la de preservar una forma de estar en el mundo.
«Ser parte de un pueblo originario simboliza mucho más que un origen», afirmó el dirigente, al señalar que implica una manera propia de sentir la vida, de relacionarse con la comunidad y de entender el tiempo y la naturaleza. En ese contexto, el maestro bilingüe no es solo un transmisor de conocimientos, sino el eslabón que conecta a las nuevas generaciones con la memoria de sus antepasados.
Para ilustrar esta idea, Geraldo Benoit recurrió a una escena que, según dijo, se repite en las aulas indígenas: la de un niño que pregunta a su maestro cómo se pronuncia una palabra en su lengua materna, o que expresa el deseo de hablar como sus abuelos. En ese instante, explicó, no ocurre solo un aprendizaje lingüístico; se fortalece un vínculo de identidad cultural que trasciende el aula y se convierte en pertenencia.

El dirigente reconoció los avances impulsados desde el ámbito federal a través del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, tanto en políticas de preservación lingüística como en el reconocimiento de los pueblos originarios como sujetos de derecho. Destacó también la incorporación de contenidos con enfoque intercultural en el sistema educativo como un paso en la dirección correcta. Sin embargo, fue preciso: esos avances deben materializarse en decisiones concretas, no quedarse en apertura de principio.
En el plano sindical, Geraldo Benoit mencionó el Parlamento del Magisterio Indígena como espacio institucional donde quienes viven desde adentro los retos de la educación indígena pueden hacer escuchar su voz. Desde esa plataforma, dijo, el compromiso del SNTE con las lenguas y las culturas originarias no es un añadido a la agenda, sino una de sus causas centrales: una defensa que es, al mismo tiempo, laboral, histórica y cultural.
La deuda con el magisterio: salarios, pensiones y condiciones
Sin abandonar el tono de reconocimiento, el Secretario General enumeró con precisión las deudas pendientes con el magisterio en general y con el sector indígena en particular.
La primera, señaló, es la inequidad salarial entre docentes estatales y federales que realizan idénticas funciones. La segunda es el bono para jubilados y jubiladas, cuyo cumplimiento calificó como un acto básico de justicia hacia quienes ya completaron su trayectoria de servicio. Respaldó la posición del Secretario General del CEN del SNTE, Prof. Alfonso Cepeda Salas, y se pronunció por un aumento salarial no inferior al 13% en la negociación nacional en curso, que responda a la realidad económica concreta de los trabajadores de la educación.
Geraldo Benoit también se refirió a recientes resoluciones de la Suprema Corte de Justicia que han ampliado derechos como la pensión por viudez sin restricciones, reconociendo en ellos resultados de la organización y la lucha sindical. Al mismo tiempo, advirtió que esos avances dejan al descubierto la desigualdad que representan las llamadas pensiones doradas frente a las condiciones de miles de docentes, y trazó una ruta: eliminar la ley de viudedad, revisar a fondo el sistema de pensiones y construir un esquema que sea comparable con el Apartado A, que reconozca plenamente una vida entera de servicio.

La voz del aula: el maestro bilingüe habla por sus compañeros
Antes del mensaje del dirigente seccional, tomó la palabra el Prof. José Refugio Laureano, docente bilingüe de la delegación 132, región 1, quien inició su participación dirigiéndose a los asistentes en lengua indígena antes de continuar en español, un gesto que por sí solo resumió el sentido del evento.
Laureano contextualizó la fecha: fue en 1940, en el Congreso de Pátzcuaro, Michoacán, donde se reconoció la urgencia de proteger y valorar la riqueza cultural de los pueblos originarios de América, dando origen a la conmemoración que hoy se celebra en toda la región. Más de ocho décadas después, subrayó, el compromiso sigue vigente y sigue siendo necesario.
El docente hizo énfasis en que el magisterio indígena trabaja muchas veces en condiciones que otros sectores del sistema no enfrentan, caminando largos trayectos para llegar al aula, operando con recursos limitados, y asumiendo una doble responsabilidad: la académica y la cultural. Ante eso, convocó a la unidad como condición indispensable, no solo como declaración de principios, sino como estrategia concreta para defender prestaciones, condiciones laborales e infraestructura para las escuelas indígenas.

Una celebración que también es reclamo
Lo que ocurrió este 23 de abril en la sede cultural de la Sección 17 del SNTE fue, en sus propias formas, un acto doble. Por un lado, un reconocimiento genuino a las maestras y maestros que cada día mantienen vivas lenguas como el otomí, el mazahua, el náhuatl y otras lenguas originarias del Estado de México, enseñando desde la cercanía cultural de sus comunidades. Por otro, un señalamiento directo de que ese reconocimiento no puede quedarse en el discurso mientras persistan las brechas salariales, las condiciones desiguales y las deudas históricas con quienes sostienen desde el aula uno de los patrimonios más frágiles y más valiosos de la nación: su diversidad lingüística y cultural.
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